La próxima reunión de CELAM, en Brasil, podría ser bastante más agitada de lo previsto: los obispos brasileños advierten la urgencia de reformular prioridades en los desafíos pastorales

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INCULTURACIÓN DEL EVANGELIO POR JORGE COSTADOAT

Santiago – La Iglesia Católica se encamina a la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELAM), a realizarse en mayo próximo, en Aparecida, Brasil. Las opiniones sobre el Documento de Participación han sido ya recabadas. Lo que no se esperaba y que puede dar un giro a la tendencia eclesial de las últimas décadas, es el documento síntesis que el Presidente de la Conferencia Episcopal brasileña, el Cardenal Geraldo Majella Agnello, presenta a sus pares.

La brasileña es la Iglesia más grande de América Latina. Será anfitriona en Aparecida. No puede pasarse por alto que este documento síntesis haya salido al paso del Documento de Participación en términos tajantes. Otras críticas han sido también muy duras. De manera que si la conferencia episcopal de ese país acogiera de alguna manera esa síntesis, no se puede excluir que la próxima reunión del CELAM sea bastante más agitada de lo esperado.

Los brasileños cuestionan el Documento de Participación. Les parece que se aleja de las intenciones del Concilio Vaticano II. Proponen que se vuelva al método que hizo famosa a Gaudium et Spes, y que se utilizó en las Conferencias de Medellín (1968) y Puebla (1979). Según expresan, si se trata de responder pastoralmente a las necesidades de los tiempos, es necesario “ver” lo que ocurre, “juzgar” a la luz de la fe y “actuar” a través de las orientaciones que sean necesarias darse.

Esta crítica parece exagerada. El Documento de Participación no da la espalda a la realidad latinoamericana. Pero es vago. Apunta a un cambio de época, enuncia muchos problemas, pero no deja claro cuál es el desafío pastoral prioritario.

“No es sed de sentido”, es “hambre de pan”

¿Cuál es la cuestión de fondo?

La síntesis de la Iglesia brasileña señala que el gran problema continúa siendo la “extrema pobreza”. No es cosa de “sed de sentido”, sino de “hambre de pan”. Pero este mismo texto también se orienta poderosamente en otra dirección: “el éxodo de los católicos” de la Iglesia. Estos dos problemas también están mencionados en el Documento de Participación del CELAM. Mi opinión es que el problema central de Aparecida ha de ser las dificultades internas que la Iglesia Católica tiene para transmitir la fe en un continente injusto y religiosamente en cambio. El “capitalismo salvaje” del que hablaba Juan Pablo II, sigue produciendo “extrema pobreza”. El secularismo “a la latinoamericana” tiene mucho de mercantilización de la vida y de metamorfosis de la religiosidad. Nada muy nuevo. Lo nuevo es la conciencia de la desinstitucionalización del catolicismo, del éxodo de los fieles a otras iglesias o a otras formas de religiosidad, y del llamado “cisma blanco”, a saber, los católicos que permanecen en la Iglesia pero que no acatan la enseñanza de sus pastores. Los obispos son concientes de esta pérdida de autoridad.

“Volver a misionar”

Bien ha podido ser esta realidad de la Iglesia latinoamericana la que motivó a plantear la V Conferencia en términos de “misión”. Aparecida tendría que ayudar a los católicos a convertirse en discípulos de Cristo para anunciar a otros la vida que Cristo implica. El Documento de Participación parte por lo básico y acierta. Si es preciso contrarrestar el debilitamiento o disolución del vínculo católico, no queda otra que volver a misionar y, si de esto se trata, un encuentro personal con Cristo es fundamental. El desafío es parejo para laicos y pastores. Lo que el Documento de Participación en cierto sentido tapa con un triunfalismo eclesial incomprensible, es que las condiciones del “sujeto” evangelizador son críticas.

El documento síntesis de la Iglesia brasileña, en cambio, evidencia mucha mayor preocupación al respecto. Ni este ni el otro mencionan la desconfianza que ha generado entre los fieles la conducta sexual de algunos sacerdotes. Pero el documento de los brasileños va bastante más lejos que el de Participación. Lamenta el clericalismo. Impulsa una formación cristiana profunda de los laicos. Habla de revisar la formación del clero. Recomienda la readmisión al ejercicio del ministerio a sacerdotes casados. Y solicita la ordenación sacerdotal de las mujeres. La Iglesia brasileña no da abasto para atender a sus fieles. El 75% de las comunidades eclesiales no tiene sacerdote. El problema de los ministros es decisivo.

No hay que taparse los ojos. Si hubiera de darse una reconfiguración mayor de la Iglesia Católica del continente, una pregunta importante es la que recae sobre los sacerdotes. A partir del Concilio Vaticano II la evangelización se ha beneficiado del trabajo de agentes pastorales de diverso tipo. El ministerio eclesial ha crecido y se ha diversificado. Los laicos han adquirido mayor participación y preparación para colaborar en las tareas de la catequesis, de la liturgia y de la formación de personas. Pero la Iglesia aún depende en exceso del rol jerárquico del sacerdote, los sacerdotes son insuficientes y muchos de ellos carecen de la formación adecuada a los tiempos que corren. En 1955 la Primera Conferencia General del CELAM abordó prioritaria, y casi únicamente, la cuestión de la escasez de clero en América Latina. A más de cincuenta años de distancia, al problema del número se ha agregado el de la inseguridad que el sacerdote lleva dentro de sí acerca de la posibilidad de su vocación. La cultura ha cambiado. Sus contemporáneos no entienden sus prédicas, sospechan de sus intenciones y no toleran su clericalismo.

Es difícil hacer pronósticos sobre lo que ocurrirá en Aparecida. El discurso inaugural de Benedicto XVI puede ser determinante. Pero es difícil imaginar que una Conferencia general del CELAM pueda atacar el fuego en la base. No se necesitan más documentos. De la V Conferencia esperamos que solicite a la Santa Sede que haga los cambios al nivel de los ministerios eclesiales que impedirán la fuga y el descuelgue señalados y, sobre todo, que posibiliten realmente una inculturación del Evangelio.
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Jorge Costadoat, S.J.
www.miradagloblal.com

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