Por Enrique Moreno Laval
15 de Mayo de 2007
Comenzó, este domingo 13 de Mayo, la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe, que se lleva a cabo en la ciudad santuario de Aparecida, en el Estado de Sao Paulo, Brasil. La Iglesia Católica del continente, con la presencia del Papa Benedicto XVI, ha inaugurado esta importante Asamblea que tiene lugar 15 años después de la anterior, realizada en Santo Domingo, República Dominicana, en 1992. La delegación chilena llegó a la ciudad en la noche del jueves 10, y se están alojando todos juntos en el Hotel Faenicia, muy cerca de la Basílica. Por razones de salud se han quedado en Chile tres participantes que estaban previstos: el cardenal Jorge Medina, el obispo Alejandro Goic, presidente de la CECH, ambos aquejados de la columna, y el sacerdote Joaquín Alliende, de la fraternidad de Schönstatt, quien debe operarse de una rodilla. Por estos días iniciales ha estado también Cristián Precht, invitado a la inauguración, como ex secretario general adjunto del CELAM.
Esperanzas y temores
Uno de los peritos invitado oficialmente a Aparecida tiene la impresión de que “hay muy buen ambiente para el encuentro”. La presidencia del CELAM se ha preocupado por blanquear las relaciones con “los de afuera”, es decir, los teólogos de la liberación, en el sentido de que hay un reconocimiento de su presencia y ninguna restricción a los contactos. De hecho, hace algún tiempo hubo un encuentro de la directiva del CELAM con los teólogos más renombrados de esta corriente como Gustavo Gutiérrez del Perú, Carlos Mesters del Brasil, y otros. ¿El tema? Conversar acerca de la Conferencia, quién sabe si para acercar posiciones, despejar temores, buscar comprensión mutua o estudiar movimientos “tácticos”.
“Ojalá sea cierto este encuentro”, afirman aquellos que se asustan cuando reparan en las muchas “grandes figuras” del Vaticano que han sido invitadas a participar como miembros de la V Conferencia. Son personajes de la Curia, de cuya comprensión de la realidad latinoamericana se tienen muchas dudas. “Quizá sea bueno para ellos el estar acá, siempre que estén abiertos a escuchar, y no a imponer lo que ya tenían elaborado”, señala uno de los participantes temerosos de una arremetida de sectores del gobierno central de la Iglesia.
El discurso del Papa: de viaje a Sao Paulo
El discurso del Papa, es decir, su palabra dicha en estos días, ha tenido muchas variables. Ha hablado a la prensa durante su viaje desde Roma, al gobierno brasileño, a los jóvenes, a los fieles reunidos en Aparecida, a los obispos y participantes de la V Conferencia. La reacción de todos ha sido atenta e interesada ante un Papa sencillo y en cierto modo cercano a pesar de los protocolos habituales, los que en más de una ocasión han sido superados por la espontaneidad latinoamericana.
En el avión que lo llevó de Roma a Sao Paulo, Benedicto XVI tuvo palabras interesantes para esta América Latina, “que amo mucho –dijo– este continente de la esperanza, donde la Iglesia tiene el desafío de promover condiciones justas de vida”. Los periodistas no dudaron en abordar con él algunos temas que les inquietaban en el momento, como la teología de la liberación y la memoria ausente del obispo Óscar Romero. Sobre esta teología, con fuertes raíces en el Evangelio y en la realidad de los pobres de América Latina, señaló: “Para esta teología hay un espacio legítimo en el debate. Con el cambio de la situación política también ha cambiado profundamente la situación de la teología de la liberación y es evidente que fáciles milenarismos que prometían inmediatamente condiciones concretas de una vida justa estaban equivocados”, manifestó. Y aclaró: “La cuestión está en cómo la Iglesia debe estar presente en la lucha y en las reformas necesarias para garantizar condiciones justas. Precisamente sobre esto hay división entre los teólogos”.
Fue también preguntado acerca del arzobispo Óscar Arnulfo Romero, asesinado en su diócesis de San Salvador en 1980. “Es un gran testigo de la fe”, dijo. Y sobre su eventual beatificación, señaló: “No tengo dudas sobre el hecho de que su persona merece la beatificación, aunque es necesario evitar las manipulaciones de una parte del mundo político que ha intentado usarle como bandera, y eso ha sido injusto”. Reiteró: “El arzobispo Romero fue un gran testimonio de la fe cristiana, un hombre de paz y que estaba contra la dictadura”. Explicó enseguida que está esperando las conclusiones del estudio que está realizando sobre el arzobispo la Congregación para la Doctrina de la Fe. Un periodista comentaría después con sus colegas: “Al fin apareció Romero… pero hubo que preguntar por él”. Y otro: “Le penará a Romero la cercanía que tuvo con Jon Sobrino, si es que su caso lo está estudiando efectivamente la Congregación para la Doctrina de la Fe…”
El discurso del Papa: en la inauguración de Aparecida
Las palabras más esperadas del Papa Benedicto fueron las de la inauguración de los trabajos de la Asamblea, el domingo 13, puntualmente a las 4 de la tarde, en la sala de conferencias del Santuario. Ese mismo día se recordaban los 90 años de las apariciones de Fátima y un aniversario más de la abolición de la esclavitud en Brasil, en 1888. En medio de un gigantesco servicio de seguridad montado por el ejército brasileño, se dio comienzo a la asamblea inaugural.
El discurso del Papa, leído con voz fuerte y clara, acompañado de algunos gestos efectuados con las manos para enfatizar algunos puntos, fue interrumpido por aplausos en numerosas oportunidades. Destacó su tono positivo y propositivo y la ausencia de reproches o llamadas de atención, como pudo haberse esperado; tampoco hubo “insistencias majaderas en los temas clásicos de estos tiempos”, como dijo uno más aliviado. En cambio, otros sectores eclesiales quedaron preocupados porque el discurso del Papa lo encontraron “débil”. Esperaban, claro está, otro tono y otros temas.
El Papa Benedicto planteó preocupaciones que son muy centrales para la Iglesia, como la ética que debe acompañar a la globalización, algunas formas de gobierno autoritarias que se creían superadas, una economía liberal que genera desigualdad y enorme pobreza. Se pregunta, ¿cómo puede contribuir la Iglesia a la solución de los urgentes problemas sociales y políticos y responder al gran desafío de la pobreza y la miseria? Y alude a las estructuras que crean injusticia y descalifica a marxistas y capitalistas, cuyas promesas fracasaron.
Junto a estas preocupaciones sociales y políticas, que tienen como eje la justicia, el Papa plantea también su inquietud por la propia vida de la Iglesia. Afirma que en el continente “hay un debilitamiento de la vida cristiana” y llama entonces a volver a Dios como “realidad fundante” que permitirá asumir esa otra realidad que tiene “derecho a una vida plena, con condiciones más humanas: libres del hambre y la violencia”. Junto a prácticas religiosas como la misa dominical o las expresiones de la religiosidad popular, la vida cristiana debe expresarse no sólo en las virtudes personales sino también “en las virtudes sociales y políticas”. En una vibrante oración al final de su discurso, Benedicto XVI ora por “aquéllos que en nuestras sociedades son más vulnerables”; y agrega “quédate, Señor, con los pobres y humildes, con los indígenas y afro americanos, que no siempre han encontrado espacios y apoyo para expresar la riqueza de su cultura y la sabiduría de su identidad”. Fue éste uno de los momentos en que los teólogos “alternativos” del grupo Amerindia asintieron con la cabeza y se miraron de reojo con satisfacción. Y también aplaudieron.
Es posible que estos últimos párrafos del discurso inaugural del Papa los haya tranquilizado, al menos un poco, después de haber escuchado al comienzo afirmaciones de dudosa veracidad sobre las etnias originarias. El Papa se refirió a un positivo “encuentro” de la fe con esas etnias, con el resultado de “fecundar sus culturas, purificándolas”; de tal modo que “el anuncio de Jesús y su Evangelio no supuso, en ningún momento, una alienación de las culturas precolombinas, ni fue una imposición de una cultura extraña”. ¿Estarían tan de acuerdo con estas afirmaciones históricas culturales los analistas de estas mismas etnias? “Volver a las religiones precolombinas, separándolas de Cristo y de la Iglesia universal, no sería un progreso, sino un retroceso (…) sería una involución”, agrega el Papa. Y concluye este tema afirmando: “La sabiduría de los pueblos originarios les llevó afortunadamente a formar una síntesis entre sus culturas y la fe cristiana que los misioneros les ofrecían”. Conceptos como encuentro cultural, fecundación cultural, purificación cultural, síntesis cultural, negando cualquiera alienación o imposición cultural, podrían resultar demasiado fuertes para estas etnias. ¿Un lapsus papal, una inadvertencia, algún consejo equivocado? En todo caso, una visión excesivamente europea de esta tierra “indo-afro-americana”.
La tarea que sigue en la asamblea
El marco general para el debate ya está planteado. Se está frente a un enorme abanico de temas, todos interesantes, pero será indispensable elegir algunos principales y centrarse en ellos. Viene la hora de escucharse unos a otros, del diálogo sincero, de la apertura para buscar una fidelidad mayor.
El cardenal Errázuriz ha señalado, en una de las intervenciones que han seguido al discurso del Papa, que se ha tratado de garantizar que en el proceso hubiese muchas consultas a los diversos episcopados. Pero que al mismo tiempo, se ha tratado de avanzar lo más posible en todos los asuntos prácticos y de metodología, a fin de facilitar el desarrollo del proceso. Por ello se han tomado ya algunas decisiones y se han designado todas las comisiones más operativas: revisión de actas, liturgia, jurídica, escrutinios, cartas, etc. Pero que las cuestiones de fondo permanecen enteramente abiertas a las decisiones de la Asamblea: temas fundamentales, tipo de documentos que la Asamblea quiera producir, lo mismo que las comisiones más importantes como la de redacción de textos y otras semejantes.
Finalmente, un cierto halo de optimismo domina en los sectores más abiertos de la V Conferencia. El escepticismo amenaza a los sectores más tradicionalistas. Pero todo está por verse. Aparecida recién comienza.
Archivado bajo: Amerindia, Aparecida, Chile, Enrique Moreno Laval, Iglesia católica, V CELAM, expresión, opción por los pobres, opinión, religión, ss.cc.