sábado 8 de septiembre de 2007
Los Cambios de Aparecida por Enrique Moreno Laval ss.cc.
El dolor del cardenal Errázuriz por los cambios de Aparecida.
Teología de la Liberación
Título: Los Cambios de Aparecida por Enrique Moreno Laval ss.cc
El cardenal Francisco Javier Errázuriz está enojado, todavía molesto por el
revuelo causado por este tema de los “cambios” en el Documento Conclusivo de
Aparecida. Pero no sólo él está contrariado; otros también lo están y por otras
razones. Mucha gente me dice que quiere saber en definitiva qué pasó.Vale la pena ir a la forma y al fondo del asunto. Que hubo cambios, los hubo.
Algunos cambios menores de redacción: puntuación, sintaxis, reubicación de
párrafos, clarificación de frases, también ortografía. Y otros cambios mayores,
que afectaron el contenido de ciertos temas particularmente sensibles para la
Iglesia Latinoamericana; por ejemplo, las comunidades eclesiales de base.Ante esto, cabe una doble pregunta: ¿quiénes hicieron los cambios y por qué los hicieron?
Los que no hicieron los cambios
A lo primero, hay que decir que ha quedado claro que los cambios no los hicieron ni el cardenal chileno Francisco Javier Errázuriz ni el obispo argentino Andrés Stanovnik, entonces presidente y secretario del CELAM.
En dos cartas recientes del cardenal, una al sacerdote brasileño Carlos Cesar dos Santos, el 29 de agosto, y otra al sacerdote argentino Eduardo de la Serna, el ex presidente del CELAM dice textualmente: “El documento que se entregó al Santo Padre es idéntico al documento aprobado en Aparecida.
Desde Aparecida partió por correo electrónico a Bogotá, a la sede del CELAM, y el Sr. Eduardo Pena, que es el encargado de las publicaciones del CELAM, lo llevó a la imprenta para imprimirlo y encuadernar 10 ejemplares.
El Sr. Eduardo Pena me asegura que al texto no le cambió ni un punto ni una coma”.
Continúa el cardenal Errázuriz: “Los diez ejemplares partieron por mano de Bogotá el día 7 de Junio a Madrid, donde los recogí el día 8.
El día 11 entregamos tres o cuatro ejemplares al Papa, dos o tres a la Secretaría de Estado y los demás a la Pontificia Comisión para América Latina.
Quien quiera comprobar que los ejemplares entregados son idénticos al documento aprobado en Aparecida, puede verificarlo personalmente, pidiendo un ejemplar en la Pontificia Comisión. En esas oficinas seguramente le permitirán comparar ambos textos”.
El relato del cardenal es contundente, claro, preciso, incluso da pistas para quien quiera comprobar todavía más.
Algo similar señala el obispo Stanovnik en un comunicado del 27 de agosto, aunque con algunas pequeñas variantes. Dice el ex secretario del CELAM que el Documento Conclusivo fue entregado a este organismo “para su revisión final, que consistió en corregir fallas de digitación; errores gramaticales, de ortografía y puntuación…”; precisando que esto “se realizó en comunicación permanente con la Santa Sede”, y que “no hubo alteraciones de contenido en ninguno de los parágrafos del Documento”.
Continúa Stanovnik: “El Documento Conclusivo, luego de su revisión final, fue entregado al Santo Padre el pasado 11 de junio, en Roma.
Allí, el texto se distribuyó a los diversos organismos de la Santa Sede, que colaboran con el Papa, los cuales realizaron propuestas al Santo Padre sobre diversos números del Documento.
En consecuencia, el Documento Conclusivo, que autorizó publicar S.S. Benedicto XVI, contiene las variaciones sugeridas por sus consultores que, aun con los matices que esas variaciones introdujeron a algunos números del Documento, no se puede afirmar que hayan modificado sustancialmente el texto aprobado por la Asamblea en Aparecida”.
Lo mismo afirma en sus cartas el cardenal chileno. Sobre la intervención de otros, después de haber sido entregado al Papa “el documento original” de Aparecida, Errázuriz señala: “Siempre la Santa Sede ha examinado este tipo de documentos, como asimismo las Exhortaciones Apostólicas, y ha introducido algunas pocas modificaciones. (…) Bien sé que hay unas pocas modificaciones que han despertado molestias. Sin embargo, esas modificaciones –que seguramente tienen alguna explicación– en nada atentan contra la orientación básica del documento; tampoco contra el espíritu extraordinario de comunión y participación que reinó en Aparecida, y que permanece como uno de sus mensajes más elocuentes”.
Por otro lado, en una nota del Departamento de Opinión Pública del Arzobispado de Santiago, el cardenal admite de esta manera los cambios que habría introducido la Curia Romana: “Puede ser que alguno de los Dicasterios haya dicho: es mejor utilizar más bien estas palabras, queda más claro; y contra eso están reclamando”.
Volviendo al texto del obispo Stanovnik, éste reafirma la potestad del Papa para corregir textos como el de Aparecida. Afirma: “Los Obispos, convocados por el Papa a la V Conferencia General, cuya Asamblea él mismo inauguró, no es un organismo independiente, sino en comunión con Pedro y bajo Pedro, de modo que el Santo Padre tiene potestad de realizar las variaciones, que él considera convenientes, a los textos que produjo la Asamblea”.
Aunque esto último contrasta un tanto con lo dicho por el cardenal arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio, el 3 de septiembre, al presentar el documento de Aparecida en su arquidiócesis: “El pontífice se resistió muchísimo a retocar el Documento en Roma, para que no perdiera su impronta latinoamericana”.
Los que hicieron los cambios
De este modo, queda claro ahora que el Documento Conclusivo de Aparecida, que autorizó publicar Benedicto XVI, no fue modificado por la entonces directiva del CELAM sino por diversos organismos de la Santa Sede que colaboran con el Papa, los cuales realizaron propuestas al Santo Padre sobre diversos números del Documento (según Stanovnik); es decir, por consultores del Papa que sugirieron variaciones (según el mismo Stanovnik). O bien, genéricamente por la Santa Sede que siempre ha examinado este tipo de documentos o por algunos de los Dicasterios (según Errázuriz).
Queda claro entonces de dónde vinieron los cambios mayores que algunos lamentan y que se hicieron, según parece, con la venia de Benedicto XVI (según Stanovnik): “el Documento Conclusivo, que autorizó publicar S.S. Benedicto XVI, contiene las variaciones sugeridas por sus consultores”.
A pesar de que el mismo Papa se resistió mucho a retocar el documento (según Bergoglio); una resistencia finalmente superada por sus consultores.
Los equívocos en la comunicación
Sí, ahora queda claro, pero lamentablemente –lo digo por la molestia que tuvo que pasar el cardenal Errázuriz– no estuvo claro desde un comienzo.
Hubiese sido oportuno y necesario que, al primer reclamo de algunos teólogos que empezaron a comparar el texto votado en Aparecida con el texto publicado como oficial por el Vaticano, se hubiera dicho: “Señores, nosotros los del CELAM no hicimos esas modificaciones, y que quienes las hicieron que las expliquen”.
Porque como dice el mismo cardenal en su carta: “esas modificaciones seguramente tienen alguna explicación”.
Una comunicación con ruidos, con poca claridad, con códigos poco comprensibles y fuera de tiempo, finalmente termina escuchándose mal y comprendiéndose peor.
En cambio, con una comunicación clara y oportuna, otro cardenal, un brasileño, Geraldo Majella Agnelo, arzobispo de Salvador (Bahia) y uno de los tres presidentes de Aparecida, se habría ahorrado su propia molestia, cuando muy airado exigió: “¡No sé quién lo alteró, pero quiero saber. Porque no es la primera vez que eso ocurre!” La ambigüedad en la reacción primera, la poca asertividad, le jugó al CELAM una mala pasada.
Una reacción oportuna y sin ambigüedades habría impedido que el cardenal Majella Agnelo cometiera el error de creer y de decir: “Yo pensé que estaba entregando el original”. Y lo estaba entregando. Los cambios vinieron después.
El dolor del cardenal Errázuriz
Es comprensible, aunque no justificable, que ante aquella omisión algunos se hayan apresurado a hacer juicios sobre la actitud del cardenal Errázuriz y que el propio arzobispo se sintiera difamado o calumniado. En su carta al sacerdote brasileño Carlos Cesar do Santos, expresa: “Cambiar el texto de un documento aprobado por los obispos en Aparecida antes de entregárselo al Papa, para dárselo alterado a los otros dos cardenales presidentes de Aparecida y al Santo Padre, haciéndoles creer que es el documento original, es un gravísimo delito y una monstruosidad. Quienes me conocen saben que jamás haría semejante pecado contra la colegialidad episcopal y contra el magisterio pontificio. Pero, se lo digo sinceramente, calumniar públicamente y mundialmente (por el efecto de los medios de comunicación social) a un cardenal que ha sido presidente del CELAM y que trata de ser discípulo de Jesucristo, faltando así a la verdad y a la justicia, es otra monstruosidad”.
Los cambios ¿por qué?
¿Por qué estos cambios? ¿Por qué estos censores?
Nadie debe extrañarse de este modo de proceder si se toma nota de las resistencias iniciales a la realización de Aparecida y de las diferentes maniobras de pequeños grupos conservadores por controlar su organización y ejecución. Esto está fehacientemente comprobado. Y la no consecución de estos propósitos en el transcurso de la asamblea provocó reacciones resentidas, como el prematuro abandono de Aparecida del cardenal arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, miembro del Opus Dei.
Según Víctor Manuel Fernández, vicedecano de Teología en la Universidad Católica de Buenos aires y participante en Aparecida, cada vez que surgía el tema de la opción por los pobres, el cardenal Cipriani decía: “¡Dale con los pobres, dale con los pobres! ¿Vamos a salir de aquí para hacer comedores por todas partes?” Simplemente, sin comentarios.
¿Algún grupo de funcionarios vaticanos, resentidos por no haber tenido éxito en su propósito controlador de los contenidos de Aparecida, decidió intervenir el Documento Conclusivo una vez entregado a Benedicto XVI por el CELAM?
Algunos nos acordamos de la notificación a Jon Sobrino justo antes de Aparecida, lo que pareció ser, por parte de algunos con cuota de poder en el Vaticano, una notificación a la misma V Conferencia. La respuesta exacta puede esperarse en vano. Imagino al cardenal brasileño comentando: “Siempre han ocurrido estas cosas en la Iglesia”.
El acontecimiento de Aparecida
En cualquier caso, cambios menos, cambios más, y con la certeza de que el texto quedará finalmente como quedó, hay un hecho macizo en lo que todos coinciden: Aparecida aconteció, tuvo su oportunidad, el espíritu con que se realizó fue destacado por todos, hubo participación previa desde la base, en el transcurso de la asamblea el diálogo fue abierto y sin censura, el documento conserva inalterable sus ejes más centrales. Ahora es la hora de convertir Aparecida en un hecho eclesial efectivo, más allá del bochorno de unos cambios que, finalmente, sólo han conseguido echar un manto de duda a lo mejor de Aparecida. Aquello que está por manifestarse. Esperemos.
E.Moreno ss.cc.
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